«Por la mañana realizo las tareas del hogar y, por la tarde, tengo que acarrear agua para dejarla lista para el día siguiente bañar a los niños»

Erika Maricela López Ramos vive en la Comunidad de Casablanca, en el distrito de Perquín, donde se desempeña como vicepresidenta de la Junta de Agua.

«Aunque logramos abastecernos del sistema, algunas familias no tenemos un derecho formal al agua, y eso hace que solo podamos usarla para consumo básico, pero no para realizar todas las tareas del hogar.»

«Según los análisis que ha realizado el MINSAL, el agua no tiene bacterias ni parásitos que puedan causar enfermedades. Además, se le aplica cloro de manera regular y se revisa constantemente que tenga la cantidad adecuada, para asegurarse de que se mantenga limpia y segura.»

Este control ha contribuido a que, hasta el momento, no se registren enfermedades asociadas al consumo de agua contaminada. Sin embargo, la falta de acceso formal y la distribución desigual del recurso hacen que la carga del agua recaiga de forma diferente dentro de los hogares y de la comunidad. En muchos casos, Erika Maricela considera que las mujeres asumen una mayor responsabilidad en su gestión diaria, debido a su rol en las tareas domésticas.

«En muchos hogares, las mujeres la usan más, ya que son quienes se encargan de los oficios de la casa, como lavar, preparar los alimentos y bañar a los niños. Por eso, cuando falta agua, ellas sienten el impacto de forma más directa.»

«Los hombres tienen una gran responsabilidad en nuestra familia, muchas veces son ellos quienes deben instalar las tuberías para traer agua desde las quebradas o construir los pozos en los nacimientos. Ese trabajo es pesado y requiere esfuerzo físico.»

La comunidad también participa activamente en la gestión del sistema de agua, a través de espacios organizativos que permiten tomar decisiones sobre su administración y funcionamiento.

«Como soy parte de la junta administradora del sistema de agua, también he recibido capacitaciones que nos ayudan a estar más pendientes y a manejar mejor el servicio. Esto nos da tanto la obligación como el derecho de tomar decisiones sobre cómo se administra el agua y cómo se brinda el servicio a las familias de la comunidad.»

Estas acciones se complementan con prácticas de cuidado ambiental, como la reforestación en zonas de recarga hídrica y el mantenimiento de infraestructuras comunitarias para la conservación del recurso. Además, se han incorporado soluciones complementarias, como la recolección de agua de lluvia, que contribuyen a diversificar las fuentes disponibles para el uso doméstico.

«Hemos sembrado árboles en las zonas donde nace o se recarga el agua, y también les damos mantenimiento a las obras de conservación para que sigan funcionando bien. Además, en nuestras casas tratamos de usar el agua de manera responsable, evitando desperdiciarla y ocupando solo lo necesario.»